El juego del libro perfecto

Hola, ¿habéis pensado alguna vez si existe el libro perfecto?

Leyendo críticas por aquí y por allá uno pronto comprende que no siempre lo que es bueno para unos lo es para otros y que no es tan raro el divorcio entre lo consagrado como lo mejor y los gustos de público o, más sencillamente, con nuestros propios gustos y opiniones.

Lo que sí parece claro es que si existe un libro perfecto no será el mismo para todos y gracias a eso puede haber tantos libros perfectos como lectores. Es decir muchísimos. Eso, por si solo, justificaría ya la existencia de tantos y tantos escritores y nos deja la alentadora misión de escribir el libro perfecto para alguna persona por anónima que sea.

Y esto es así, o al menos lo parece, por la elemental realidad de que todos y cada uno de nosotros somos diferentes. Por eso parece razonable pensar que “nuestro” libro perfecto está relacionado con nuestra personalidad o, al menos, con algunos rasgos de la misma.

Por eso se me ocurrió proponeros este juego. El juego del libro prefecto.

¿Pero en qué consiste y cómo se juega?

Muy fácil, debéis responder espontáneamente (es importante no pensar mucho la respuesta) a cinco preguntas, por otro lado bastante lúdicas, que me darán la clave de vuestra personalidad. Nadie responde igual a estas cinco preguntas porque nadie es igual a otro, pero esas respuestas me darán la clave para recomendaros un libro, con la esperanza de que sea vuestro libro perfecto.

Si queréis jugar conmigo, adelante. Solo os pido una cosa a cambio: que si me aproximo razonablemente a vuestros gustos y os consigo vuestro libro perfecto me lo digáis.

¿De acuerdo?

JUGUEMOS


7 comentarios to “El juego del libro perfecto”

  1. me alegro de haberte conocido….

  2. ¡Y te has quedado corta!. No sólo existen tantos libros perfectos como lectores sino que, además, por cada lector hay un libro perfecto para cada etapa de la vida, estado de ánimo y momento concreto. Yo, por ejemplo, no me he olvidado de, cuando niña, me embelesaban las historias de Andersen, Perrault y los Grimm, entonces mis libros perfectos.

  3. Totalmente de acuerdo. Lo que ocurre es que al test del libro perfecto también respondería uno de forma diferente a diferenetes edades y en diferentes momentos vitales. Por tanto, debería funcionar.

  4. Recién acabo de leer “El marino que perdió la gracia del mar”, novela del japonés Yukio Mishima que, a resultas de participar en el juego, me propusiste como mi libro “perfecto”. Como novela, me ha desencantado por varios motivos pero, fundamentalmente, debido a su estilo narrativo, porque es tan prolijamente descriptiva, tan abrumadoramente visual que no deja resquicio alguno a la imaginación del lector, para mí, un placer esencial en toda lectura. Sin embargo, por esto mismo, pienso que tal vez podría ser el guión de cine perfecto con el que todo director soñaría dado que no precisaría del trabajo de adaptación de guionista alguno: todo cuanto necesita conocer para la puesta en escena, tanto sobre los personajes como sobre la ambientación, lo tiene descrito, con todo detalle, hasta el más nimio, en la obra. Conclusión: es una novela con la que, por su forma, no he logrado encontrarme pero que, sin embargo, por su fondo, llevada a la gran pantalla por un director virtuoso de la luz y apasionado por la belleza plástica – Yôji Yamada, Imamura, Ki-Duk Kim, Zhang Yimou, Ang Lee o Ridley Scott, pongamos a título de ejemplo- probablemente me encandilaría. Mi impresión personal es que la novela está narrada de una manera tan cinematográfica que pareciera que, en vez de estar concebida para ser impresa en papel y leída, estuviera ideada para ser rodada en celuloide y vista. (Me consta que, precisamente, en 1976 fue llevada al cine por el director Lewis John Carlino, con Kris Kristofferson y Sarah Miles como protagonistas, pero no he visto la cinta, por lo que no puedo opinar al respecto). ¡En fin! En esta ocasión, no he dado con mi libro perfecto. Seguiremos buscando. Sé que a la vuelta de algún estante me está esperando.

  5. Bueno Susana, siento que no te haya gustado el libro. Sin embargo, es uno de mis preferidos. No por su estilo tan “visual” al que soy aficionada, sino por la historia que nos narra y en concreto, por esa “tensión” (bajo mi punto de vista, universal) que se desata en el marinero cuando comprende que para ser feliz con la mujer a la que ama deberá dejar de ser marinero, abandonar una parte de su esencia para adoptar otra, renunciar a la libertad y la aventura simbolizada por el mar, en aras del amor (podría ser el amor o tantas otras cosas…).
    También me parece interesante la mirada del niño, que desprecia la vida convencional de los mayores y que no entiende la decisión del marinero. Creo que ese desprecio por la vida “burguesa” y ese deseo de conectar con “lo heroico” refleja la visión del propio Mishima, incapaz de asumir una vida sin “honor”. Se trata de una visión que no comparto, especialmente en la versión más fanática adoptada por el autor de este cuento, pero que tampoco me es del todo ajena. En todo caso, creo que plantea un conflicto al que nos hemos enfrentado alguna vez y que propone una reflexión vital.
    La verdad es que hace mucho tiempo que leí esa historia, pero me fascinó la simplicidad con que plantea cuestines bajo mi punto de vista decisivas.
    Pero esa es la cuetión. Un cuento que a mi me parece extraordinario, a ti no te ha gustado nada. Bien, esa es exactamente la realidad. Más allá de unos estándares que también pueden ser discutibles, es difícil decidir en el terreno literario qué es bueno y qué no lo es ( ¿Qué pasa entonces con los críticos? ). Y, en términos más frívolos, se puede concluir que no se puede recoemndar el libro perfecto.

  6. No, no; no sientas que no me haya gustado la obra porque, simplemente, ha ocurrido lo más normal del mundo: la lectura de todo libro es una aventura hacia lo desconocido y, por lo tanto, nunca se sabe qué nos puede deparar, pero esta incertidumbre forma parte del juego y también tiene su atractivo. Y, sí, yo me pregunto igualmente:¿qué pasa entonces con los críticos? Desde mi punto de vista, no existen obras buenas o malas -hablo en sentido global, no en cuanto a técnica narrativa- sino lectores y gustos literarios. Personalmente, las obras con las que no disfruto con su lectura, no me interesan lo más mínimo, digan lo que digan las críticas. Así de simple. ¿Dónde quedan entonces los críticos? Pues…yo diría que no son sino el brazo alargado de eso que llaman marketing o mercadotecnia, un engranaje más -aunque influyente, lo reconozco- de la maquinaria que conforma el negocio de la venta de libros. Una buena o mala crítica de un libro puede influir en nuestra decisión de compra, cierto, pero lo que jamás logrará crítica ni crítico alguno es cambiar nuestros personales gustos literarios. Por esta misma razón, porque cada persona es un ser único, con corazón, mente y circunstancias únicas, resulta una proeza acertar con el libro perfecto para cada cual: para empezar, quien recomienda tendría que haber leído todos los libros escritos desde el principio de los tiempos e, incluso así, lo más probable es que errase. De todas formas, vaya por delante que participar en tu “Juego del libro perfecto” ma ha resultado una experiencia original, intrigante y divertida. ¿Qué más se puede pedir? ¡¡Gracias!!

  7. Hola, esto es justo. Mira, yo no tengo muho que ver por aquí, la habitación está en oscuras, completamente. es encantador teclear y ver esta tipografía, y la verdad es que no tengo realmente, si te soy sincero, nada que ver por aquí. Pero como este es un espacio libre y veo aristoliterautas rondando desde el susurro insistente de las grúas del puerto y se me ocurrio contar algo aquí.
    porque resulta que, todo, buscaba una distracción certera, a estas horas, y como soy solitario, me vi envuelto de un frívolo deseo de lectura al entrar en este territorio de crimenes inciertos, chicas y chicos, no quiero beber apenas, me siento amable así, escucho las vibraciones hidráulicas del caminón de la basura afuera.
    al ver la fecha del último comentario, recordé la luna llena del 13 de enero, yo la pude ver desde la cima de una montaña, a los pies de un castillo, a través de los pinos, cuesta abajo, el cementerio y las gruas del puerto, los contenedores, brotando del redondo vientre brillante marino del horizonte. esa noche le vi la cara a la luna, es una cara inclinada, como la de una madre que observa el rostro de su bebé al amamantarlo. Esa luna era enorme, un sol naciente noctámbulo, cálido.
    Se escucharon mis ahullidos hacia el cementerio.

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