-¿Es su nuevo libro una novela negra?, ¿qué le parece que la encasillen dentro de un género?
IA. Jamás olvido una cara es, sin ningún género de dudas, una novela negra. Tiene todos los elementos para serlo: un detective que el lector ya conoce y que forma parte de una saga, uno o varios crímenes y una trama de intriga que debe resolverse para desenmascarar al asesino. Esos son lo elementos más obvios que definen este tipo de novela, pero hay otros como la crítica social, el inconformismo de los personajes o su desarraigo social. Sin embargo, más allá de estos rasgos generales, creo que hoy en día hay que plantearse que la novela negra debe evolucionar. Cuando en la narrativa soplan vientos que mezclan sin contemplaciones realidad y ficción, periodismo, biografía, novela o ensayo, la novela negra no puede seguir aferrándose a unas señas de identidad que a veces suenan anticuadas. Pero a mi no me importa que me encasillen en un género que, como decía Borges, no tiene el prestigio que da el aburrimiento. Reivindico la faceta de entretenimiento de la escritura.
-Si la he entendido bien, acaba de decir que la novela negra debe moverse más allá de los límites que aparentemente la definen, sin embargo sus novelas anteriores Llanto de llamas o El nudo Ghiordes son, al menos en es sentido, bastante clásicas.
IA . Es cierto, pero eso tiene que ver con mi biografía como escritora. Necesitaba crear una saga, unos personajes que establecieran un diálogo entre si y con los lectores y me pareció coherente hacerlo de ese modo. Quería decirle al lector o lectora, que podía fiarse de mí, que no le iba a dar gato por liebre. Este tipo de novela despierta unas determinadas expectativas que yo no quería defraudar. Lo que hice fue irme aproximando a otra estructura que me entusiasma que es la del viaje; incluso al género de aventuras. Jamás olvido una cara, tiene esa vertiente más acentuada. Ya sé que, al menos a priori, la evolución lógica de la novela negra es hacia lo periodístico, hacia la denuncia y el realismo; sin embargo, no creo que ese camino tenga que excluir otras aportaciones que pueden incluso modificar la propia estructura narrativa de este tipo de novelas.
-En la contraportada del libro pone, entre otras cosas, que Jamás olvido una cara es un thriller moderno…¿qué tiene de moderno esta novela, según usted?
IA. Bueno, lo que pone en la contraportada se debe a la editorial, pero yo no estoy en desacuerdo con esa afirmación.
A pesar de que la trama acabará por traer al presente historias tan antiguas como las del sueño que dio lugar a la construcción del palacio de Xanadú en la antigua China, el poema del poeta romántico Coleridge sobre ese mismo palacio o los fascinantes senderos de La ruta de la seda, en Jamás olvido una cara se plantean cuestiones relativas al feminismo, los efectos morales del pragmatismo, el amor homosexual o el abuso de ciertas industrias farmacéuticas… Creo que a eso se refería la editorial al hablar de thriller moderno.
-El protagonista de Jamás Olvido una cara es un hombre. Sin embargo, ¿no le parece que faltan mujeres protagonistas en este tipo de novelas, al menos en España? ¿Siendo usted mujer, no se sintió más próxima a un personaje femenino?
IA. Supongo que es cierto que faltan personajes femeninos como protagonistas, pero también falta miradas femeninas en la novela negra española. A mí me interesaba más esa mirada que, dicho sea de paso, tampoco es tan distinta, al menos aparentemente. Las diferencias suelen ser sutiles. Lo que pasa es que lo sutil es casi siempre lo más importante. De todas formas, cuando escribo no antepongo ninguna actitud militante a la lógica de la narración o de los personajes y, además, como escritora, no siempre me interesan ese tipo de disyuntivas hombre-mujer. En Jamás olvido una cara hay un personaje feminista, pero es que las personas feministas existen, así que es un personaje más.
Respecto a Pablo, el detective protagonista de la saga, confieso que lo elegí así porque quería evitar la tentación de una excesiva proyección personal. Eso fue en mi primera novela. Luego me sentí cómoda con él. Le conozco muy bien, sé lo piensa, lo que siente y cuáles son sus debilidades. Es un buen tipo. Lo que pasa es que no puede ser fiel y eso en cierto modo le atormenta. Su incapacidad para comprometerse puede hacerle perder relaciones muy valiosas. Tener que ver las cosas desde su punto de vista me resulta bastante interesante.
Pero, efectivamente, tenía que atreverme con una mujer y lo hice con La China, una periodista de sucesos amiga de Pablo que a veces toma el relevo. En El Nudo Ghiordes es la protagonista absoluta, aunque Pablo sigue jugando un importante papel. La amistad entre ellos sigue viva y seguirá evolucionando.
P. ¿Eso significa que habrá una siguiente novela de la saga?
IA. Claro, habrá que saber qué pasa con esa amistad…
P. ¿Y qué pasa?
IA. Aún no lo sé; pero será como en la vida…si se dan las circunstancias, si es el momento, si se decide arriesgar…depende.
P. Cambiando de tema. Se habla mucho de los dispositivos lectores de libros electrónicos. ¿Ve a sus lectores leyendo Jamás olvido una cara en uno de estos dispositivos? ¿Cree que esos nuevos dispositivos con sus nuevas capacidades de hipertexto o sonido pueden influir en la producción literaria de la novela?
IA. A la primera pregunta un sí rotundo. No quiero decir que los dispositivos lectores vayan a sustituir al libro en papel, eso es difícil de saber; de lo que sí estoy segura es de que esos dispositivos son extraordinariamente prácticos para según qué cosas como por ejemplo, si tienes que viajar o, entrando ya en la segunda pregunta, si aparecen libros hipertextuales interesantes. Y claro que influirán en la propia narrativa. De hecho, Jamás olvido una cara empezó siendo un libro hipertextual y era mucho más complejo en su versión electrónica, con varios niveles que transcurrían en paralelo. Era un experimento apasionante para mí, pero hubiera tardado un eternidad en trabajar la historia de ese modo y lo dejé…pero, tal como lo veo, las nuevas posibilidades van a revolucionar la forma de contar, igual que están revolucionando otros aspectos de nuestra vida. Y creo que esa evolución irá enriqueciendo el texto poco a poco de muy diversas maneras hasta que se produzca un salto cualitativo. Entonces veremos el alcance de un cambio que, como se ha comentado en numerosas ocasiones, puede ser tan trascendental como la aparición de la imprenta.